mamatoco

lunes, enero 10, 2011

EN MAMATOCO VENDEN IGLESIA
Cuando se trata de defender sus intereses, el ingenio de los samarios no tiene límite. Llegan, incluso, a utilizar herramientas extralegales para lograr sus objetivos, como el de ofrecer un inmueble elevado a la categoría de Monumento Nacional.
El caso ocurrió en el barrio Mamatoco, de Santa Marta, donde la comunidad está dispuesta a vender la iglesia San Jerónimo. Hace una semana, en señal de protesta y para presionar la ejecución de las obras de reparación, la comunidad colocó en las mismas paredes del templo el aviso de Se vende .
Según los habitantes del barrio, la iglesia, construida en 1787, se encuenta abandonada y en ruinas porque el Estado no ha presionado el cumplimiento del contrato para su rehabilitación, suscrito en 1996 entre el Ministerio de Transporte y la firma Ernesto Moure Eraso.
Hoy, la edificación construida en tiempos de la Colonia es el sitio preferido de las palomas caseras del sector, murciélagos y una serie de aves nocturna que han tomado como nido los nichos coloniales que anteriormente eran ocupados por San Jerónimo, el santo patrono y San Agatón, santo de mayor devoción de los nativos.
Hay mucha tristeza entre la feligresía por el estado de destrucción que presenta el templo y porque la plata destinada para los trabajos se la robó el contratista , sostuvo Paulina Fontalvo Martínez, presidenta de la Congregación de San Agatón.
También comentó que desde que se colocó el aviso de venta han aparecido varios compradores y si en corto o mediano plazo no hay solución al problema, la comunidad es capaz de vender la iglesia para con la plata que obtengan construir una nueva, donde puedan albergar a sus santos .
Por su parte, Carlos Julio Fuentes, morador de Mamatoco, afirmó que el contratista dice que no ha proseguido con los trabajos de restauración porque Monumentos Nacionales no ha girado la plata y se quejó del alcalde samario Jaime Solano Jimeno y del gobernador Juan Carlos Vives Menotti por la falta de interés para recuperar este lugar.
A su turno el canciller de la Curia de Santa Marta, padre José María Sánchez, tras dejar en claro que esta situación no es de su incumbencia, aseguró que están dispuestos a indagar para saber qué pasó con los trabajos.
Periodistas de EL TIEMPO, queriendo ahondar en el tema preguntaron en Mamatoco y Santa Marta por el contratista Ernesto Moure Eraso, pero nadie lo conoce y su nombre no figura en la guía telefónica.
El Contrato En una lámina de zinc de 1.20 metros de alto por 1.20 metros de largo colocada a un lado de la torres del campanario de la iglesia San Jerónimo de Mamatoco, se encuentra dibujado el contrato para la restauración del templo, el cual reza lo siguiente: Ministerio de Transporte, Instituto Nacional de Vías (Invías), Subdirección de Monumentos Nacionales: Orden de trabajo OJ 0602 del 31 de julio de 1996. Objeto: Continuación de los estudios técnicos y restauración de la iglesia de Mamatoco, Santa Marta. Valor del contrato: Sesenta y nueve millones de pesos ($ 69.000.000,oo). Plazo: Diciembre 5 de 19996 a junio 5 de 1997. Alcance del contrato: el contratista se compromete con Invías a continuar con las obras por el sistema de administración delegada. Contratista: Ernesto Moure Eraso. En el tiempo de la gente .
Publicación
eltiempo.com
Sección
Información general
Fecha de publicación
28 de enero de 1999
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domingo, enero 02, 2011

Vídeo de la plaza y su entorno


Panorámicas plaza de la Iglesia San Jerónimo de Mamatoco
















jueves, febrero 11, 2010

El viernes San Agatón se 'robará' el show en Santa Marta


Foto: Archivo particular

La procesión demora dos horas en en dar vuelta a tres manzanas de calles cortas.

Se acercan las fiestas de este santo, en el Magdalena. Una tradición que vuelve a cobrar vida por estas fechas en Mamatoco.

San Agatón no es un santo cualquiera, se demora cinco veces más que cualquier otro en terminar su procesión.

Dos horas, en dar vuelta a tres manzanas de calles cortas antes de volver a la iglesia San Jerónimo de Mamatoco. En medio de alabanzas, en el camino también lo entretienen con papayera y ron.

Como cada año, en épocas de carnavales y cuaresma, este viernes no se espera en Santa Marta nada distinto a un San Agatón tambaleándose, bañado en espuma, maicena y licor, a la entrada de la iglesia adonde no entra sin primero recibir un baño con balde y manguera, pasadas las 7:00 p.m. (quién sabe a qué hora exacta).

Y todo eso, después de haber estado el resto del año impasible como una estatua, a un lado del atrio de la iglesia, con su aureola, su barba perfectamente arreglada y apenas levantando el brazo para sostener el incienso.

A él le gusta eso porque él es un santo 'carnavalero', dice la gente a favor de la faceta "lúdica" de Agatón.

Graciela y Paulina, permanentes colaboradoras de la fiesta, apenas se resignan a que por lo menos no vayan a dejar caer al santo. "No señor. Este no es un santo borrachón, por favor, él era un Papa", insiste en cambio, en cada misa el párroco Dagoberto Rodríguez, que lleva allí dos años, es antioqueño, joven pero serio. Igual participa.

La celebración de las fiestas cuesta 450.000 pesos y cada ruego a San Agatón por la salud de la familia, 5.000. La lucha entre el cura de turno y el pueblo, el rito católico y lo "pagano" es ya histórico y tiene antecedentes.

"Para poder catequizar a los belicosos indígenas de estas tierras, quienes no estaban dispuestos a renunciar a sus creencias místicas, los Franciscanos introdujeron la imagen de un santo con rasgos indígenas y hábito católico. En 1931 desaparece la imagen y la furia del pueblo deja a un cura agredido y a un pueblo maldecido (por el cura, por supuesto), -según cuenta el historiador Wilfredo Padilla, del museo etnográfico de la Universidad del Magdalena- En 1932 fue introducida la imagen actual, que corresponde al Papa de la Edad Media (678 - 681)".

Un día, hace más de 20 años el padre José Escobar, también paisa, pero que había vivido en Brasil, se le ocurrió comentar en misa que en ese país, para hacer menos triste el ritual católico se incluía rumba y maicena.

Los mamatoqueros, ajá, cómo no, copiaron la idea. Desde entonces Agatón le roba el show, incluso al patrono de Mamatoco, San Jerónimo, al que -la verdad sea dicha- no le invierten tanta energía, tiempo y gestión.

Este año habrá misas, la tradicional procesión; el carnavalito escolar con música, disfraces y comparsas; orquestas y por supuesto, fiesta hasta el cansancio en la Tienda de Pau (doña Paulina), casetas y donde a cada uno se le antoje pasar la borrachera.

Graciela y doña Pau Fontalvo cada año pelean con la papayera, que por tradición hace un acompañamientorelativamente solemne a Agatón, pero a la mitad ya quiere tocar El Guayabo de la Y, "y todo lo que la gente le pide para seguir con la recocha. No les pago como toquen eso, les digo", comenta riendo Graciela.

Además del liderazgo del presidente de la Junta de Acción Comunal, Luis Padilla y la ayuda de Jaime Méndez, todos van por su santo que cada año suma más devotos y curiosos de la Sierra Nevada hasta Bolívar pasando por algún dominicano, algún turista canadiense, cubano o centroamericano, que aparecen por ahí.

Ya están los arreglos florales listos para adornar al santo. Hasta Graciela espera que este año por problemas de presupuesto no falte la papayera. Los fuegos artificiales del remate de la fiesta los guarda en su casa doña Pau, quien trabajó 40 años consecutivos en las fiestas hasta la enfermedad de su esposo" que en paz descanse, que tan alegre era y que tanto le gustaba la papayera".

La competencia ciclística del sábado la organiza Lucho Cadena, entregado hace unos 20 años a la organización que además le compuso un cumbión, aunque pocas veces asista porque es ateo, pero se divierte con su obra musical: "Que sirvan ron, que sirvan ron, pa' celebrar con San Agatón".

jueves, abril 02, 2009


Se robaron la Campana de la iglesia...

Después de quince días
Apareció campana de la iglesia que había sido hurtada en Mamatoco

El Informador
mensajes@el-informador.com
24/03/2009 
 
Una de las tres campanas que componen el tridente sagrado de la iglesia San Gerónimo del barrio Mamatoco, apareció ayer tras ser robada hace quince días en este sector de la capital del Magdalena. La campana que data del siglo XVII, fue hallada en buen estado en una zona deprimida de Santa Marta. 

De acuerdo al reporte entregado por las autoridades investigativas del Magdalena, la campana había sido hurtada el pasado 8 de marzo, cuando delincuentes aprovecharon la penumbra de la noche y se llevaron esta hermosa reliquia de bronce. 

Desde ese entonces la iglesia San Gerónimo de Mamatoco se quedó sin una de las tres campanas que componen su santuario. Para la comunidad católica y civil en Mamatoco, el robo constituyó en un hecho sin precedente y que va en contra de leyes de Dios. 

"Es increíble que de la casa de Dios se roben una campana antigua y de tanta tradición en la ciudad. Gracias al todopoderoso apareció y ahora hay que cuidar de la campana y alejar a los delincuentes quienes ya ni respetan a la iglesia", comentó Rosalba Martínez, residente del barrio Mamatoco. 

Desde que la campana desapareció, el párroco de la iglesia aunque lamentó lo sucedido no denunció el hecho punible ante las autoridades. De allí a que la Policía y los investigadores de la Sijin no habían podido dar con el paradero de la campana. 

La reliquia que data del año 1785 cuando se fundó la iglesia en Mamatoco, fue recuperada en un basurero en el barrio El Edén al noreste de esta capital, sitio donde fue abandonada por los antisociales tras la persecución de la Policía. 

La campana fue hallada en perfecto estado, tanto así que la reliquia estaba lijada y pintada lista para ser comercializada, pero por fortuna fue hallada por las autoridades policiales en momentos en que los delincuentes pretendían expenderla. 

Una vez la campana regresó a su aposento en la iglesia, los residentes en Mamatoco agradecieron a Dios y a la Policía por traer de vuelta a esta reliquia eclesiástica, una de las joyas de la antigüedad que demuestra la historia de la ciudad más vieja de América Latina: Santa Marta.

jueves, junio 22, 2006

En 1966 conocimos Mamatoco. Ahí supimos que el Santo del pueblo era uno muy especial, que hacía muchos milagros, que no tenía fecha fija sino el sábado antes del domingo de Carnestolendas, que había desplazado del fervor religioso de los habitantes al patrono San Jerónimo, que se lo habían robado y que lo habían reemplazado por uno nuevo y que su procesión era diferente a las otras, en fin, la fiesta y todo el culto que se celebraba a su alrededor se convertía en una fiesta religiosa muy alegre.


Mamatoco era el nombre de un cacique de los indios Jeriboca, quienes en 1572 “se acercaron una noche a Santa Marta para tratar de rescatar el hijo del jefe, (Mamatoco) que tenían preso y le prendieron fuego a la Iglesia de Calatayud”, los españoles repelieron el ataque y reconocieron al cacique, no lo apresaron enseguida, pero “al día siguiente el cacique regresó con cuatro indios más, creyéndose a salvo, pero fueron detenidos, sometidos a tormento hasta cuando confesaron y luego los ahorcaron”. Surgió así un pueblo de indios con el nombre de San Jerónimo de Mamatoco, que según el censo de 1743, era Cacique Luis Núñez, Capitán Cosme Núñez, Alcalde Francisco de Maza y Cura Doctrinero Fray Juan Jiménez.


Como puede apreciarse el pueblo de nativos había sido incorporado a los territorios del Rey de España y para que lo protegiera le asignaron un santo patrón: San Jerónimo. Con el correr del tiempo los mamatoqueros se fueron consolidando como un pueblo organizado y muy devoto de su santo, sinembargo tenía un problema y era que periódicamente se inundaba por la creciente del río Manzanares, cuyas aguas cubrían más de la cuarta parte del pueblo. Después de una inmensa creciente, —las aguas inundaron enormemente la iglesia, dejándola llena de palos, piedras y de otros desechos de la naturaleza que arrastraba el río—, encontraron la figura de un hombrecito de madera, “era un viejito, bajito, parecía un cachaquito”, según la versión que escuchó desde niña la maestra Josefina García Tejeda, de su abuela Esther Miranda. Desde ese momento esa figura que reconocieron como San Agatón se convirtió en el segundo patrono del pueblo. Con sus milagros hizo que muchos mamatoqueros cambiaran de santo y el impacto de los mismos llegó más allá del río Magdalena, pasó por Barranquilla y otros pueblos del actual Departamento del Atlántico, en Malambo se arraigó. Pero el rumor de sus milagros llegó hasta las sabanas de Bolívar, Sucre y Córdoba.


Ese hecho hizo que la feligresía se extendiera por toda la Costa y sus devotos se multiplicaron, como sus milagros. Y cada año llegan a Mamatoco a pagar sus mandas. En el pasado reciente llegaban con sus danzas los buses llenos de malamberos, sabanalargueros, galaperos, barranquilleros, sampuesanos, y de los pueblos de la Zona Bananera del Magdalena, quienes se enteraban de la fiesta por los programas que les llevaba don Tomás Peña, quien había nacido en 1881 y fue durante cuarenta años Mayordomo de Fábrica, una especie de sacristán, responsable de la Iglesia.


“Mi papá, Tomás Peña, estaba el jueves y viernes, que era la víspera de San Agatón él no iba a la casa, ni almorzar, ni a nada, todo eso había que hacérselo allá en la Iglesia, porque él estaba muy pendiente de la iglesia, como le venía tanto milagro a San Agatón, cuando era el chiquito, esas manitas se las llenaban de milagros, de espermas y él estaba pendiente de eso, para que no se fueran a quemar las cosas ahí en la Iglesia ni nada, eso era que le quitaban el día sábado ese pocotón de milagros que tenía, le volvían a quedar las manos vacías y volvían y se las llenaban, muchos salían de “La Playita”, a la entrada del pueblo, de rodillas, hasta la iglesia”, así recuerda doña Carmen Peña los días de la fiesta a mediados de la primera mitad de este siglo.


En todas las familias de mamatoqueros hay un devoto de este santo siciliano, por ello cada una de ellas le ofrecen la novena, la misa, la procesión, el castillo, en agradecimiento “por un milagro bien sea económico, sentimental, por salud, mas que todo por salud”. Por ejemplo, una familia de este pueblo vive muy agradecida, porque le salvó la vida a uno de sus hijos. “Ese niño, Carlos Alberto Villegas Peña, se le quiso formar como una llaga, casi gangrena, lo vieron varias personas y médicos, los papás en vista que nadie lo curaba se lo ofrecieron a San Agatón. De ahí viene que ellos todos los años le mandan a decir, su novena y le pagan su manda. Hoy Carlos Alberto, es un arquitecto. Este año no vinieron todos pero sí lo hizo el papá, ellos viven ahora en Bogotá”.


El abuelo de Carlos Alberto y otros mamatoqueros acomodados mataban una vaca para atender a los visitantes y en sus casas se bebía y se bailaba. Era la época de la “Casa de la Fiesta”, donde el dueño tenía la obligación de atender a los que llegaban de afuera y a los mismos vecinos. Luego fue acabándose esa tradición y el señor Tomás Peña asumió esa responsabilidad con los malamberos que llegaban con sus hijos a pagar las mandas. “Entonces la señora Natividad la esposa del señor Peña, ella asumía la tarea de atender a esa gente y la albergaba, sin excepción en su casa. Terminada la misa y la procesión y entregadas las mandas se volvían a sus casas. Luego murieron ellos, la gente que llegaba quedó como huérfanas, no tenían donde quedarse, se fueron dispersando en varias casas, siguen llegando, los malamberos no han dejado de venir, como de otros pueblos, pero son ellos los que me asisten. Vienen cada año. Cuando ellos llegan, uno se entera, porque entran pitando, dándole gracias al santo. Llegan el viernes, temprano están en la misa, pasan el día contento y luego van a la procesión, después se van. Algunos parrandean, pero la mayoría vienen a pagar mandas”.


Además de milagroso San Agatón “no permita nada azul, sino el rojo, él era liberal. El chiquito, el primero, era liberal. A él le ponían un sombrerito blanco con una cinta azul se le caía, una capa azul se le quemaba. Le ponían una roja y se quedaba con ella”. Tanto así que una vez “un señor conservador vino a pagar una manda y le puso un sombrero azul y se le caía, hasta que buscaron el rojo y la procesión siguió bien”. El recorrido de la procesión siempre es el mismo: los mismos callejones, la calle de la Cárcel y la calle Real o Principal. San Jerónimo tiene otro recorrido. La procesión de San Agatón no es acompañada por la música marcial que identifica la tradición cristiana, sino por aires musicales populares, porros o fandangos. Por lo tanto su recorrido es un verdadero baile, no solamente bailan la imagen sino también los mismos creyentes y pagadores de manda, quienes además le lanzan maicena y ron, todos quieren tocarlo. Quienes lo cargan casi siempre van con sus tragos o literalmente borrachos, de ahí, que se diga: “San Agatón/ el Santo borrachón”.


Algunos curas y obispos no han estado de acuerdo con la forma como se expresa la religiosidad en los devotos del santo y no dudaban de calificarla de “pagana por los movimientos de cargar el santo, la música de la banda, el baile, los disfraces y todo ese fundigue que uno lleva. Pero ellos se han dado cuenta que quien manda en la fiesta es la comunidad, que eso es lo que nos gusta, y también al Santo, porque si a él no le gustara el fundigue que se forma ya se hubiera desbaratado”, según lo expresa con vehemencia la maestra Josefina García Tejeda.


Pero la dicha del pueblo con sus dos santos duró hasta la década del treinta, cuando el padre Luis García Benítez se llevó la imagen de San Agatón “El Viejo”, “El Chiquito” y le trajeron uno más grande, San Agatón “el Nuevo”. En el diario de un parroquiano don Florentino Núñez Fontalvo, se lee que el lunes 20 de julio “sin darse cuenta los habitantes de este pueblo, se llevó (el padre Luis) al Viejo San Agatón, mientras tanto las personas creían que San Agatón está aquí y esto se supo porque un señor Luis Avendaño fue a Santa Marta y una señora Tranquilina Calderón le dijo que cómo era posible que los habitantes de este pueblo se habían dejado llevar a San Agatón”.


Después de ese diálogo callejero el señor Avendaño se vino para el pueblo, se reunieron varios y llamaron al señor Tomás Peña, Mayordomo de Fábrica, quien confirmó la noticia de doña Tranquilina. Esto produjo mucha inconformidad con el señor Peña, con el padre Luis y con el clero, se formaron comisiones para ir hablar con el obispo, a pesar de varias reuniones, conversaciones y mediadores el padre Luis García Benítez no devolvió la imagen y nunca se supo donde fue a parar, la mayoría creen que está en Sampués (Sucre).


Doña Carmen Peña hija de don Tomás Peña, tenía 15 años, y aclara los hechos: “No recuerdo el día, pero fue un medio día, que por cierto estaba lloviendo, llegó el padre Luis García Benítez, pidió la llave, yo inocente de que iban a sacar el santo, ni que nada, ni supe que lo habían sacado. Yo fui quien le entregó las llaves al Padre Luis. No era como decía la gente, que había sido mi papá, mi papá no fue, fui yo, porque mi papá estaba trabajando en San Pedro Alejandrino, él era jardinero”.


El Padre Luis García ya había regalado una imagen nueva de San Jerónimo, se llevó la vieja, y no pasó nada; luego donó una de Nuestra Señora de Lourdes. Desde entonces se rumoraba que iban a cambiar a San Agatón, el pueblo le indagó sobre ese rumor y él salió con evasivas. Más tarde el padre Luis llevó una nueva imagen, de yeso, más grande. Según la señora “Rosa Perozo afirmaba que el padre Luis pensaba que de pronto un poco más grande y más bonito, se le llenaba más la Iglesia”. Al comienzo la gente no lo quería y “en la primera fiesta con el santo grande vino bastante gente de los pueblos del Atlántico y de todos esos pueblos de la sabana y como no era San Agatón el Chiquito se llevaron las mandas, al tiempito vinieron a traerla porque San Agatón se las cobró”, según testimonio de doña Carmen Peña.


San Agatón es reconocido como el patrono de los Carnavales, su muerte fue en enero, un período festivo por excelencia para los romanos, no tiene un día fijo, pero siempre se conmemora su fiesta el sábado antes del domingo de quincuagésima, es decir, de Carnaval. De tal manera que los mamatoqueros se entregan a las festividades el viernes y terminan el martes de Carnaval. Por su parte los samarios, hombres muy alegres y cumbiamberos, se trasladan de Santa Marta —desde el siglo pasado— como fervientes creyentes que son participan de los festejos y el sábado después de la procesión los samarios volvían a la ciudad tomándosela con sus bandas, tamboras, flautas, cantos y disfraces, entonces comenzaban a bailar hasta esperar el domingo de carnestolendas, cuando oficialmente se iniciaban las fiestas.


Con el tiempo los samarios comenzaron a agregarle un día más a los carnavales y al inicio del presente siglo se comenzó hablar de Sábado de Carnaval”, ya no estamos lejos de hablar del “Viernes de Carnaval”. Porque como van las cosas, los samarios se siguen trasladando en grandes masas el viernes, dando inicio al festín carnavalero.


Este año de 1999 la fiesta fue un suceso de religiosidad popular. El nuevo párroco, Fernando Mercado lleva dos años en la organización de la fiesta, encontró una feligresía fuerte pero una iglesia desbaratada. Para lo primero tiene una estrategia orientada a fortalecer en los jóvenes el fervor a través del folclor musical y coreográfico. Por ello en el marco de la fiesta organizó el primer festival dancístico y la misa fue acompañada por música de tamboras y cantos religiosos populares compuestos y arreglados por los mismos feligreses, encabezados por los jóvenes, entonaban cantos alegremente y en la procesión se apreció toda esa creatividad mamatoquera expresada en las danzas, disfraces, músicas y las letanías que entonaron denunciando los robos de que ha sido objeto la iglesia.


Recientemente los mamatoqueros viven preocupados por los robos constantes de que han sido objeto. Tienen extraviado hace años “dos cuadros, uno de “Las Animas” y el otro del “Arcángel Gabriel”, se perdió la patena, el cáliz, se robaron la corona de la Inmaculada Concepción, está extraviado el órgano que obsequió la Congregación Hijas de María, aquí han hecho como un saqueo prácticamente, lentamente todo el que viene saquea y se lleva”, aseguraron varias devotas del santo.


Por último fue “en el gobierno de la gente” de Ernesto Samper, a través de la Subdirección de Monumentos Nacionales, dependencia del Instituto Nacional de Vías, que se contrató al doctor Ernesto Moure Eraso para que hiciera los estudios técnicos y restauración del templo, pero sólo tumbó el techo y la Iglesia está semidestruida, los feligreses tienen que celebrar sus ritos a lado, en una capilla improvisada; en los últimos tres años la misa y otras ceremonias durante la fiesta han tenido que hacerses en la Plaza, debajo de unas carpas. Han ido funcionarios del nivel nacional, departamental y distrital y nada. Todos se comprometen, pero nada. Los mamatoqueros están preocupados por esa situación y sobre todo por la reacción del santo, por ello hay temor. Según los consultados pueden suceder dos cosas: una que al doctor Moure Eraso se le comiencen a caer sus obras y le vaya mal en la profesión y una segunda respuesta es que al pueblo le suceda algo, este año estaban a la expectativa que pasara. Ellos ruegan porque no pase nada y que tanto el contratista como el Estado respondan por el daño que le han causado a los mamatoqueros y en especial a su iglesia, que paradójicamente es Monumento Nacional, protegida por las leyes.


Ojalá los carnavaleros en Barranquilla institucionalicen una misa para San Agatón antes de la Batalla de Flores, para que el Santo patrono de la fiesta proteja a todos los rumberos. Este año ya se dio el primer paso, con una misa oficiada por el sacerdote Clotario Hemer en la Iglesia del Seminario, el sábado de Carnaval. Es una excelente forma de comenzar a recuperar las tradiciones perdidas.

miércoles, junio 21, 2006


Iglesia de Mamatoco
Construida en el año 1730 D.C

En Santa Marta, capital del departamento del Magdalena, la ciudad más antigua de Colombia con cuatrocientos setenta y nueve años, en la que habitan familias que provienen principalmente de la costa caribeña, hay un barrio de nombre Mamatoco que recuerda el del pueblo indígena que vivió en estas tierras, que sufrió la conquista y colonización brutal de los españoles, y en el que aún se producen acontecimientos que permiten dibujar y recordar el perfil de las gentes de antaño.


La primera iglesia de Mamatoco, construida por los franciscanos a mediados del siglo XVI, fue incendiada en 1575 por el cacique indígena del mismo nombre como respuesta a la violencia de los españoles contra los nativos y el encarcelamiento y tortura de uno de sus hijos, por lo que el jefe fue aprehendido, sometido a tormento y ahorcado, y la iglesia reconstruida. A ésta, con el tiempo, se le hicieron mejoras y cambios hasta cuando en 1785 se concluyó la que se encuentra actualmente en pie y en la que hay una imagen en terracota del santo Agatón.

Creado por los mamatoqueros
Dewins Murillo García y Rossana Duica